Paramédico puertorriqueño recuerda su misión de rescate tras el 11 de septiembre
A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el paramédico puertorriqueño Pedro Couvertier recuerda la misión de emergencia que lo llevó hasta Nueva York para colaborar en las labores de respuesta tras el ataque a las Torres Gemelas.
Couvertier formó parte de un grupo de aproximadamente 50 puertorriqueños, integrado por paramédicos, bomberos, policías, personal de manejo de emergencias e ingenieros estructurales, que fue movilizado hacia la zona del desastre.
Meses antes de los atentados, el grupo había recibido adiestramiento en Puerto Rico para responder a emergencias complejas, incluyendo rescates entre escombros.
El entrenamiento estuvo a cargo del teniente Danny Mojica y se realizó en el área de la Villa Panamericana, en San Juan.
Al llegar a la llamada Zona Cero, Couvertier se encontró con un escenario marcado por la desolación, el polvo y grandes cantidades de escombros.
Una de las primeras tareas del equipo fue inspeccionar hoteles y edificios cercanos junto a equipos de emergencia estadounidenses, ante la posibilidad de encontrar personas atrapadas o heridas.
En uno de los operativos, Couvertier tuvo que subir hasta el piso 32 de un edificio, bajo instrucciones estrictas de evacuar inmediatamente por las escaleras si la estructura comenzaba a moverse.
Antes de permitir la entrada de los rescatistas, ingenieros estructurales evaluaban las condiciones del edificio.
La misión se extendió durante dos semanas. Además de las inspecciones, los puertorriqueños recibieron instrucciones de ingresar a espacios dentro del área afectada para verificar si todavía había sobrevivientes.
Couvertier recordó particularmente una de esas operaciones, cuando descendió con casco, guantes y linterna hacia una zona con lodo y entrada de agua cercana al río Hudson. No encontraron personas en el lugar, pero el riesgo era parte de la misión para la que habían sido preparados.
Años después, Couvertier también recuerda la preocupación por las condiciones a las que estuvieron expuestos los rescatistas, particularmente por el polvo y la presencia de asbesto.
Según relató, recibieron instrucciones de utilizar mascarillas en todo momento para protegerse del material. Sin embargo, indicó que no pudo confirmar si alguno de sus compañeros desarrolló síntomas relacionados con esa exposición luego de regresar a Puerto Rico.
A 25 años de aquella tragedia, su testimonio revive la experiencia de los puertorriqueños que dejaron la Isla para ayudar en uno de los mayores desastres de la historia reciente de Estados Unidos, enfrentándose a estructuras inestables, escombros y condiciones de alto riesgo en medio de una misión de rescate.