Impulsan la reforestación para reducir el calor y enfrentar el cambio climático en Puerto Rico
En Puerto Rico, el aumento del calor extremo, las lluvias intensas y los periodos de sequía no son fenómenos aislados, sino que están estrechamente vinculados a la pérdida de árboles y de cobertura forestal.
Los árboles funcionan como una defensa natural del ambiente: capturan dióxido de carbono, regulan la temperatura, protegen el suelo y ayudan a mitigar el impacto de las inundaciones. Tras el paso de los huracanes Huracán Irma y Huracán María, el archipiélago perdió una cantidad significativa de arbolado, particularmente de especies introducidas, lo que evidenció la vulnerabilidad de ciertos ecosistemas.
No obstante, la reforestación no se limita a sembrar árboles sin planificación. Es fundamental seleccionar la especie adecuada según el entorno —ya sea zona costera o montañosa—, el tipo de suelo y la exposición solar, además de considerar el espacio disponible para evitar conflictos con infraestructura como aceras, cables o tuberías.
En este proceso, los árboles nativos juegan un papel esencial, ya que están adaptados al clima local y contribuyen a sostener la biodiversidad, al proveer alimento y refugio a aves e insectos.
Organizaciones como Para la Naturaleza promueven la restauración ecológica mediante viveros que permiten la producción a gran escala de especies nativas. Desde el huracán María, han cultivado cientos de miles de árboles.
Aun así, la reforestación es una tarea colectiva. Desde los hogares y las comunidades, sembrar y cuidar árboles puede transformar el entorno, mejorar el bienestar, reducir el estrés y aportar frescura, incluso disminuyendo de forma notable la temperatura local.