Fernando Cruz: una historia de fe, paciencia y dedicación
Una inspiración para la nueva generación: así se resume el camino de Fernando Cruz, un pelotero boricua que tuvo que esperar 16 años para recibir su oportunidad en las Grandes Ligas.
Su historia no se trata solo de talento, sino de fe, paciencia y dedicación, valores que lo sostuvieron desde niño, cuando en su vecindario ya lo conocían como “Fernandito” por pasar el día tirando pelotas contra las paredes y levantando a todos temprano, entre los 6 y 8 años.
En el terreno, Cruz aprendió a adaptarse. Pasó por cambios de posición y roles, siempre con una mentalidad clara: “No hay excusa, el trabajo hay que hacerlo”. En Puerto Rico fue Lanzador del Año como abridor en la temporada 2018-2019, pero en los playoffs le pidieron asumir el rol de cerrador. Su respuesta fue la misma que repetiría una y otra vez: “Dame la bola”. No importaba la situación; lo que lo apasiona es tener la responsabilidad en la mano y cumplir.
Su motor emocional también ha sido clave. Cruz reconoce a su madre como el pilar que lo empujó en los momentos difíciles, con una fe que le dio fuerzas para seguir cuando la vida cambiaba de rumbo una y otra vez. Hoy, esa base se complementa con otra figura esencial: su esposa, a quien llama su “MVP”, por ser el apoyo que sostiene sus decisiones y su enfoque.
El gran salto llegó con Cincinnati. En 2022 lo firmaron y, como él mismo dice, “el resto es historia”. Aunque le advirtieron que quizá no pasaría de AA, mantuvo su postura: trabajo, disciplina y esperar el momento. Ese momento llegó de forma memorable, incluso con anécdotas de clubhouse —como la famosa historia de los “scooters”— antes de que le dieran la noticia que lo cambió todo: rumbo a las Grandes Ligas.
Después, la sorpresa fue mayor. Una llamada nocturna desde Ohio le confirmó un cambio a Nueva York y, cuando escuchó “New York Yankees”, se quedó aturdido. Para él no era “lógico” pensar tan lejos, hasta que Brian Cashman le dio la bienvenida y todo cobró sentido.
Mirando hacia atrás, Fernando le diría a su yo del pasado que sea obediente, que trabaje el orgullo, que el béisbol no es una guerra sino un juego maravilloso, y que la disciplina vale más cuando no hay ganas. En resumen: humildad, cuidado del cuerpo y mentalidad firme. Una historia poderosa de un boricua que demuestra que, a veces, el sueño no llega rápido… pero llega.