Conoce el proceso de anidación del tinglar y por qué es vital protegerlo
El tinglar, la tortuga marina más grande del mundo, atraviesa uno de los momentos más importantes de su ciclo de vida cuando regresa a la playa para anidar.
Este proceso ocurre principalmente durante la noche o la madrugada, cuando las hembras buscan espacios tranquilos, oscuros y con arena adecuada. Factores como la contaminación lumínica, el ruido y la presencia de obstáculos —como basura o vegetación— pueden desorientarlas o provocar que abandonen el intento y regresen al mar.
Una vez en el lugar, la hembra utiliza sus aletas traseras para cavar un nido de aproximadamente tres pies de profundidad, donde deposita entre 70 y 100 huevos. Este proceso puede repetirse entre siete y nueve veces durante la temporada, con intervalos de alrededor de nueve días. Tras cubrir el nido, suele crear un “nido falso” cercano para confundir a posibles depredadores antes de regresar al agua.
La incubación dura entre 55 y 65 días, y la temperatura de la arena influye directamente en el sexo de las crías: temperaturas más altas producen más hembras, mientras que las más bajas favorecen el nacimiento de machos. Por ello, el cambio climático representa una amenaza significativa para el equilibrio poblacional de la especie.
A lo largo de este proceso, el tinglar enfrenta múltiples riesgos. En tierra, depredadores como cangrejos, perros, gatos y aves pueden atacar los nidos o las crías; en el mar, peces grandes y la actividad humana aumentan su vulnerabilidad. Se estima que solo una de cada mil tortugas logra alcanzar la adultez.
Ante este panorama, organizaciones de conservación monitorean las playas, identifican huellas, protegen nidos y educan a la comunidad. La recomendación para la ciudadanía es clara: si se observa una tortuga o un nido, no se debe intervenir. Lo correcto es notificar a personal autorizado, evitar el uso de luces o fogatas y mantener distancia para no alterar este delicado proceso natural.