La miel no solo sirve como endulzante para el café o el desayuno; también puede degustarse y analizarse de manera similar al vino o al café.
La sommelier de miel Militza Flores Pérez explicó que catar miel implica activar varios sentidos, comenzando por la vista, el olfato y el gusto. Según destacó, la diversidad de sabores es amplia, ya que existen tantas variedades de miel como flores disponibles en el entorno donde las abejas recolectan el néctar.
Ese lugar de origen deja una huella única en cada cucharadita. A este efecto del ecosistema, el clima y la zona de producción se le conoce como terroir o terruño.
Para una cata adecuada, Flores Pérez recomendó evitar olores fuertes, como perfumes o detergentes, así como no fumar ni tomar café antes de la degustación, de manera que el paladar y el olfato estén limpios.
El primer paso es observar la miel y verificar que esté libre de contaminantes o residuos. Luego, se evalúan sus aromas, colores y texturas, elementos que pueden ofrecer pistas sobre su origen.
La miel puede ser multifloral o monofloral, y cada una presenta matices distintos según la región, el clima y la vegetación de donde proviene.