El tinglar: la tortuga marina que anida en las playas de Puerto Rico
Foto suministrada por: 7 Quillas
El tinglar (Dermochelys coriacea) es una de las tres tortugas marinas que anidan en las playas de Puerto Rico. A diferencia de la tortuga verde y el carey, que anidan los doce meses del año, el tinglar anida desde el mes de marzo hasta el mes de julio.
De acuerdo al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), este animal marino, que se puede encontrar en mar abierto, se caracteriza por su color negro, manchas blancas o claras, su caparazón liso y blando —con una textura como si fuera cuero— y siete crestas longitudinales, conocidas también como quillas. En cuanto a su tamaño, puede medir desde cinco hasta ocho pies de largo y pesar hasta 2,000 libras.
Anidación del tinglar en la isla
Según el presidente y la directora ejecutiva del grupo comunitario 7 Quillas en San Juan, Eduardo Álvarez e Hilda Benítez, de los 44 municipios costeros de la isla, solo en 30 de ellos reciben las tortugas marinas, incluido el tinglar, para anidar.
Cuando el tinglar sale del mar para desovar, se arrastra por la arena, cava un hoyo de aproximadamente tres pies con las aletas traseras y pone desde 100 hasta 120 huevos. Con sus aletas, tapa el nido con la arena y regresa al mar.
«Arriba pone huevos no fertilizados, o huevos falsos, para que, si hay algún depredador, los primeros que se va a robar o a llevar sean los que no son de verdad», indicó Álvarez.
Del día 53 al 55 después de la anidación, esos huevos empiezan a eclosionar en un proceso que puede tardar hasta tres días.
«Es una especie muy sabia», expresó Benítez, pues a medida que los tinglares empiezan a nacer bajo la arena, ellos esperan hasta —aproximadamente— que el huevo número 50 eclosione para que «en un esfuerzo grupal ascender… cogen un sueño y emergen de nuevo», describió la directora ejecutiva.

Cuando los tinglares recién nacidos salen del nido, son guiados al mar por el brillo que refleja la espuma y el sonido de las olas.
«Van grabando tanto la latitud como la longitud, el magnetismo, la temperatura; hay unos papers (investigaciones) que dicen hasta el sonido, el olor y la textura [de la arena]… es como un GPS perfecto que está grabando todo eso», continuó.
Si sobreviven, se dirigen mayormente al océano Atlántico hasta diez a doce años después, etapa en la que alcanzan la madurez sexual, y regresan a las playas para anidar durante la temporada de marzo a julio cada dos a tres años. No tan solo eso, pues en su temporada esta tortuga marina puede desovar de 12 a 15 veces (cada ocho a nueve días).
De acuerdo al presidente y la directora ejecutiva, cuando los tinglares van a anidar años más tarde, regresan a las playas donde nacieron.
«La tortuga marina sale del agua solamente cuando están en proceso de parto, nunca vas a ver una tortuga marina ‘jangueando’ por ahí», enfatizó Álvarez.
Peligros del tinglar en el planeta
Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), para el 2013 el tinglar se encontraba en la categoría ‘vulnerable’. Pero desde ese año no se ha vuelto a evaluar el estatus en la lista.
«Actualmente, una de cada mil se salva», aseguró Benítez. Además, señaló que, desde ese entonces (2013), la población del tinglar ha disminuido. «Está en peligro crítico de extinción», informó.
En cuanto a los depredadores principales de la tortuga marina, se encuentran la contaminación —como plásticos e iluminación— la pesca incidental y los humanos.
Su importancia en el ecosistema marino
La importancia del tinglar en el ecosistema marino consiste en su alimento principal, que son las medusas y las aguavivas, las cuales son depredadores de los peces pequeños y de los huevos de peces. Sin la existencia del tinglar, estos animales gelatinosos podrían acabar con los peces que, a su vez, regulan poblaciones, limpian, fertilizan y mantienen arrecifes. Sin ellos —tanto los peces, las medusas, las aguavivas y los tinglares— el equilibrio de la naturaleza colapsaría.
De acuerdo a la página web del Ecoexploratorio, debido a que las presas de los tinglares son casi transparentes, estos suelen confundirlos con fundas plásticas. Se han encontrado tinglares muertos con plástico en sus estómagos.
Conservación del tinglar: Nidos en lugares seguros
Gran parte de la labor de los grupos comunitarios de tortugas marinas se compone de relocalizar los nidos cuando estos se encuentran en zonas de riesgo. En ocasiones, los tinglares y otras tortugas marinas no conocen muy bien las playas, indicó el presidente Álvarez, por lo cual pueden anidar en áreas donde hay mucha erosión costera.
«Varias temporadas hemos tenido nidos que hemos relocalizado y todos han sido exitosos», añadió.

Además, él y Benítez explicaron que, cuando el grupo comunitario se reúne en las playas para vigilar alguna anidación de tinglar, si esta regresa en próximas temporadas, significa que a la playa que fue se sintió segura, lo cual es muy significativo para ellos.
En cuanto a las playas de San Juan, Benítez conluyó que es «una cuna de tinglares y no es un jardín… entre los meses de marzo hasta julio».
