Pescando entre sargazo: retos y oportunidades

El sargazo, un alga marina presente desde siempre en el océano, se ha convertido en los últimos años en un reto creciente para Puerto Rico por su llegada masiva.

Sus efectos se notan tanto en las playas como en la actividad pesquera: en altamar, grandes barreras de sargazo pueden impedir el acceso a zonas de pesca, enredar carnadas y aumentar costos de tiempo y combustible.

Para embarcaciones pequeñas, incluso representa un riesgo, ya que el bote puede quedar atascado y terminar a la deriva por las corrientes.

Sin embargo, el fenómeno también tiene una cara positiva.

El sargazo funciona como refugio y fuente de alimento para peces pequeños, lo que a su vez atrae especies más grandes de interés comercial.

Además, puede proteger a tortugas y servir como zona de crianza en mar abierto.

El desafío está en manejarlo sin perder sus beneficios ecológicos.

Se proponen alternativas como recolectarlo al llegar a la orilla, reciclarlo para abono u otros usos, e incluso implementar tecnologías de captura antes de que toque costa, como ya ocurre en México.

Herramientas de monitoreo y mapas ayudan a los pescadores a planificar rutas y reducir pérdidas.

Según expertos, el sargazo “llegó para quedarse”, por lo que la respuesta requiere creatividad, inversión y adaptación ante el cambio climático.

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